sábado, 14 de enero de 2017

Camarada Biriukov, el hombre que vino del frío



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José Alexandrovich Biriukov Aguirregabiria. Así de rotundo y de redondo. Suena a ruso muy ruso, y a vasco muy vasco. Igual hubiera tenido acomodo en un refinado personaje de un clásico de Tolstói que en un papelito en la celebrada película de Martínez Lázaro (aunque Karra Elejalde le hubiera echado a faltar cuatro de los ocho apellidos exigidos), pero no. Chechu Biriukov fue jugador de baloncesto, y de los muy buenos. 

Hijo de una “niña de Rusia”, se crió en el estricto régimen comunista soviético, enraizó en el Real de Corbalán, Martín y Lolo en la “movida” Madrid de los 80, compartió habitación con el “genio de Sibenik”, vivió un sueño céltico en el Open McDonald´s, lloró la muerte de un amigo (Fernando Martín), digirió descorazonado el fugaz paso de George Karl, se le indigestó el “Angolazo”, dio la bienvenida a un ser superior (Arvidas Sabonis) y de postre el título europeo con el maestro Obradovic. ¿Tiene o no tiene una historia el chico de Doña Clara? Pues a contarla. 

Una madre coraje

El 13 de junio de 1937 zarpaba del puerto de Santurce un viejo carguero, “La Habana”, repleto de niños (1.495). Huían de una guerra civil atroz. 

Clara Aguirregabiria lloró en la salida, durante el trayecto y en su destino. A los 9 años sabía que se separaba de sus padres. Lloró tanto que un miembro de la expedición estaba siempre pendiente para darla consuelo y que su llanto no contagiase al resto de los pequeños. Al llegar a Rusia los tres hermanos Aguirregabiria consiguieron permanecer unidos: cuando en alguno de los orfanatos, que recorrieron a orillas del Volga, barruntaban que los querían separar, huían a los cercanos bosques. 

Los rusos se portaron de maravilla “había gente que quitaba la mitad del pan a sus hijos, para dárnoslo a nosotros”, rememoraba emocionada y eternamente agradecida. Alcanzaron Leningrado el 22 de junio y salieron con banderas y caramelos a recibirlos. Pronto se desencadenó la 2ª Guerra Mundial y los nazis se quedaron a las puertas de Moscú. La Operación Barbarroja ordenada por Hitler fracasó con la llegada del inclemente invierno y el reagrupamiento de fuerzas del Ejército Rojo. 

Los Aguirregabiria recibieron educación y estudios y se establecieron en la capital moscovita. Clara recuerda que en 1959 mandaron a su hermano, un reputado ingeniero de caminos, a Cuba a echar una mano al régimen de Castro y allí desarrolló su vida profesional hasta su muerte. Su hermana, en cambio, contrajo matrimonio con un español y regresó a España. Ella, por su parte, conoció a Sasha, un taxista moscovita, se enamoraron y se casaron. Tuvieron un hijo, Yura, pero no podían acogerse a la Ley de Repatriación acuñada por Franco en 1957. Su marido era ruso, con lo que sólo podía entrar ella en territorio español. Su madre, consciente de la situación, admitió el hecho de que jamás volvería a ver a su hija, a la que aleccionaba con largas cartas sobre el modo de comportarse en cualquier situación. Clara, sí pudo reencontrarse con su padre a través de Cruz Roja Internacional en una ocasión en Toulouse. En 1963 nacería el segundo niño, José Alexandrovich.

El carnet de conducir de Sasha y su desempeño les abrió puertas. Incluso con el tiempo pudo salir al extranjero y permitió a la familia cierto desahogo económico porque podía comprar y vender artículos no disponibles en los mercados soviéticos. 


Cuando tu ídolo es… Valery Kharlamov

Chechu desde temprana edad mostró gran afición a los deportes. Flirteó con la natación, pero lo que de verdad le apasionaba era el hockey sobre hielo, el entretenimiento preferido de los adolescentes rusos. A la que podía marchaba a la calle a jugar con sus amigos. No era fácil conseguir patines, ni siquiera verdaderos sticks, pero con la carestía no menguaba la afición de los chavales, que tenían en Valery Kharlamov un ídolo referencial. 

Kharlamov era hijo de Carmen Orive, apodada “Begoñita”, otra niña embarcada en “La Habana”. Formaba parte de la mítica delantera del CSKA junto a Miklailov y Petrov y tumbó repetidamente con la “Red Army” (selección soviética) a norteamericanos y canadienses. Desde un cuerpo menudo, 1,73 m y 75 Kg, los dioses le habían distinguido para seducir con su depurada técnica y sus fantasiosos movimientos en los más exigentes escenarios (Montreal Forum, Madison Square de Nueva York o el Palacio de Hielo moscovita). Rechazó una oferta astronómica (1.200.000 $ de los de entonces) para jugar en los Philadelphia Flyers de la NFL. Los coches marcaron su vida: nació en un taxi y falleció a los 32 años junto a su esposa en un accidente de tráfico. “Begoñita” no soportó la ausencia y al poco tiempo moría de tristeza. Durante décadas todos los niños rusos querían ser Kharlamov y Chechu, por supuesto, también. 


Mucho más que un entrenador, un educador

El clan Biriukov estaba preocupado. Josechu era un buen niño, hacía sus deberes, pero tenía demasiado tiempo libre. Su madre quería encaminar las energías del adolescente hacia alguna actividad deportiva, pero no tenía mucha idea así que preguntó entre sus conocidos y en el consulado. Fue el propio niño el que resolvió el entuerto: un día entró en casa anunciando que había sido escogido para el equipo de baloncesto en la escuela deportiva, la Trinta o Sovietskay. 

Desde la decena hasta los dieciocho años, Ravil Cheremtiev vislumbró sus posibilidades y tuteló su evolución. Cheremtiev, era tártaro, musulmán y terriblemente tozudo y estricto. Creía en la formación integral de los chicos, a los que “preparaba para el mundo”. A los desplazamientos a las vecinas Polonia y Checoslovaquia sólo viajaban los que obtenían notas aceptables y recibían una buena “característica” (carta de evaluación positiva). Si en el Komsomol (juventudes comunistas) se hubieran enterado que con 16 años Biriukov se bautizó, jamás hubiera puesto un pié en los países satélites soviéticos. En los largos trayectos en tren, Ravil siempre les hacía acompañarse de un buen libro (así los chavales se cultivaban con los grandes clásicos de la literatura universal, siempre que no estuviesen censurados por el Estado). Sus refranes eran sobres lacrados: “una victoria por un punto es una victoria, por dos es una victoria aplastante”. El tártaro encontró remedio ocupacional para las largas vacaciones escolares del mozo: al módico precio de 30 rublos al mes, se le llevaba a un campamento de verano de lunes a viernes durante tres meses para continuar su progresión (con un mínimo de dos entrenos diarios). Allí Chechu conoció a su mejor amigo, Vitaly, con el que todavía mantiene una gran amistad. 

Formaron un gran equipo y cumplidos los 17 años marcharon a competir a la Spartakiada. Los mejores proyectos de las camadas del 63 y 64 se juntaron en Vilnius. En Kazajistán asomaba Thikonenko; por Kirguistán destacaban los 2,15 metros de Grebnev; el polifacético Volkov despuntaba en Ucrania (los vigentes campeones); y Azerbayán contaba con el máximo encestador, el escolta Vagif Gadzhimetov. La selección lituana (Butautas, Sabonis y Marcioulionis) y la que representaba a Moscú (Biriukov, Okhotnikov, Misounov, Kirnishine y Kolochev) se citaron en la gran final. Nivelazo y desenlace de infarto. Ganaron los locales por un punto. Sabonis MVP, seguido por Biriukov, al que a día de hoy la derrota, todavía, le marca como de las más dolorosas de su carrera. 


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¡Qué vienen los rusos!

En el verano del 81 se celebra en Katerini (Grecia) el Europeo Cadete (en España la categoría se asimilaba con la juvenil) para los nacidos del año 64 en adelante (Chechu es del 63). La URSS arrasa. Algunos de los nombres, luego se harían célebres: Miglieniks, Kornishine, Missounov, Tikhonenko, Okhotnikov, Butautas, Sokk y, por encima de todos ellos, un Sabonis imperial que le endosa 39 puntos a España y destroza a la Yugoslavia de Petrovic en la final. 

Para el Europeo Junior del año 82 se reúnen las quintas del 63 y 64. Aleksandr Gomelski llama a filas a Sabas con la absoluta para el Mundial de Cali y obliga a Obukhov a seleccionar a Marciulionis (como jugador número 12) en detrimento de Gadzhimetov. Con la baja de Arvydas, Biriukov acredita un rol estelar. En la final se enfrentan nuevamente con Yugoslavia: los 42 puntos de Petrovic (MVP), se muestran insuficientes frente a los 36 de Chechu y el juego coral de los rusos (sobresaliendo Tikhonenko y Ohotnikov) que se imponen con relativa facilidad (97-87). Chechu y Drazen entran en el cuadro de honor del torneo junto a Villacampa (máximo anotador), el búlgaro Amiorkov y el alemán Schrempf.

Noviembre viene con premio. Gira por Estados Unidos, sin los jugadores del CSKA, envueltos en la Copa de Europa, a los que el club no deja salir. El tour supone un éxito notable. Disputan sin complejos 12 partidos contra varias de las mejores universidades estadounidenses, ganando 9 de ellos. El público les felicita por la calle y algunas personas les piden perdón por los arbitrajes caseros. A Chechu le toca asumir el puesto de base y los atléticos defensores USA se las hacen pasar canutas, pero crece en juego y autoestima. El duelo, retransmitido para todo Estados Unidos, de Sabonis frente al mejor universitario del momento, Ralf Sampson, quedó en tablas y para la historia. Sampson arrastró con 14 puntos y 25 rebotes, a lo que Sabas opuso 21 puntos y 14 rebotes. Virginia se impondría tras dos prórrogas. 


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Disfrutar jugando: Dinamo de Moscú

El caché de Biriukov sube exponencialmente y pasa a formar parte de la primera plantilla del CSKA de Moscú, pero se atisba en un rincón del banquillo, por lo que acepta en secreto la propuesta de Eugeny Gomelsky para llevárselo al otro conjunto de la capital. En el traslado tienen que valerse de una pequeña treta: si debutase con el cuadro del Ejército Rojo ya no se podría realizar el transvase, por lo que finge una lesión. Pregunta al médico del Dinamo cual es la dolencia más fácil de enmascarar y en aquella época, sin resonancias o tacs, le contesta que un dolor en la espalda. Le tratan con acupuntura, mas sigue quejándose. En cuanto se consolida el pase al equipo del Ministerio de Interior (la Policía), se siente como nuevo. 

Se lo pasa bomba en un conjunto joven de juego un tanto alocado, nada mecanizado, repleto de transiciones, contraataques y tiro exterior. Fesenko, un 3-4 de excelso tiro, se convierte en su principal aliado. Dos años dan para alcanzar el tercer y el cuarto lugar en Liga (sería elegido entre los mejores jugadores del campeonato junto a Sabonis y Belostenny) y las semifinales de la Korac. En la fase de grupos, ya había endosado a 36 puntos al Mónaco y al Joventut. Tras ganar el partido salen aplaudidos de la cancha de Badalona, bajo la atenta mirada de su primo Javier. En casa en semis ganan por 7 al Limoges con 29 puntos de Biriukov y 24 de Fesenko; en la vuelta, los franceses penalizan la bisoñez rusa y remontan (al vencer por 13), pese a los 25 puntos de Chechu. A la postre, los galos obtendrían el título a despecho del Sibenik del gran Drazen Petrovic.

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De cómo se fraguó su pase al Madrid

De pequeño, en cuanto sus logros deportivos se hicieron manifiestos, su madre había vislumbrado un futuro onírico: “Esfuérzate, que igual un día tu baloncesto nos devuelve a España”.

Desde Moscú, Clara como refugiada de Cruz Roja Internacional había movido los hilos para salir del país, exagerando su melancolía hacia la patria que la vio nacer. Chechu, mientras, se mantenía un tanto ajeno, feliz: disfrutaba con el baloncesto, se sentía reconocido y ganaba suficiente dinero para llevar una vida cómoda, sin imaginar que en el canto de sus muñecas se hallaba el destino familiar. 

A través del exfutbolista Marsal, su primo Javier Aguirregabiria se presenta en las oficinas del Real Madrid y ofrece los servicios del prometedor Biriukov. En la Castellana no son ajenos a las virtudes del ruso, siguen su desarrollo y con el tiempo van dando forma a un contrato. El Barsa también muestra interés, pero Javier ya ha comprometido su palabra. 

En los días previos a la disputa del Europeo de Nantes, Aleksandr Gomelski, conocedor de la situación, le llama aparte. Charlan y decide bajarle del vagón del campeonato. Le hace un favor, pues de lo contrario no hubiera podido jugar en el futuro con la selección española. El “zorro plateado” entiende que se queda sin un activo importante, pero muestra generosidad. Chechu, afligido, se pierde por las mismas circunstancias la gira anual a Estados Unidos y el Mundial Junior de Palma de Mallorca. Todo en aras a un porvenir mejor en España. 

En el basket soviético sólo se había permitido por entonces la salida al exterior de dos jugadores: Sergei Belov (destino al Partizán), al que finalmente no permitieron jugar, pues cayó en el mismo grupo de Copa de Europa que el CSKA (y los rusos no querían ni en pintura que su antiguo capitán ejerciera de verdugo), por lo que en su estancia en Belgrado se limitó a entrenar al equipo junior, y un desconocido Anatoly Sinschenko que jugó entre los años 80 y 82 en el Austria de Viena en una especie de intercambio deportivo. A posteriori, el caso Biriukov costó la cabeza a algún mandamás del deporte soviético: habían abierto la puerta al mundo capitalista a uno de sus mayores talentos a coste cero (el Madrid no pagó ni un rublo por su contratación).

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Papeles, papeles, papeles

Chechu Biriukov y Clara Aguirregabiria tenían previsto el viaje para el 5 de septiembre. Finalmente se retrasa y aterrizan en Barajas el domingo 2 de octubre de 1983 (más tarde llegaron su hermano Yura y su padre). En el Madrid de Don Luis De Carlos le esperaban para la primavera siguiente, pero la matriarca había conseguido acelerar la partida, escondiendo una razón de peso que hasta muchos años más tarde su hijo no conocerá (no le gustaba un pelo la novia que Chechu se había echado en Moscú). Biriukov firma un compromiso con los merengues por cinco temporadas. Empieza a entrenar con el primer equipo y se estrena en un amistoso en Tel Aviv. Tras el primer entreno, el chaval se dio cuenta pronto de que no estaba en Rusia. Pidió una coca cola en el bar y Sainz le llamó a capítulo: “Aquí se toma agua, vino o cerveza. Nada de esa mierda americana”. Enseguida contó con la confianza de su técnico, al que a día de hoy continua alabando: “Lolo era un grandísimo entrenador, muy sensato y práctico. Con él jugaban los buenos”. 

Pero surgen problemas burocráticos y el tema se enfanga: el delegado de asuntos consulares de España en Moscú malmete y declara inviable la incorporación, al haber renunciado la madre a la nacionalidad española. El Madrid gestiona ante el Ministerio de Justicia una carta de naturaleza que le considere español a todos los efectos. Los precedentes de Luyk, Brabender, De la Cruz, Sibilio o Ricardo García parecen no servir y Chechu desespera hasta que el martes 23 de octubre se deshace el trabalenguas (que si “origen español”, que si “español de origen”) en la rueda de prensa que convoca el Real Madrid para comunicar su nacionalización. El 5 de noviembre la ACEB recibe la documentación para inscribirle. La desestima y detiene el proceso. Chechu estalla: “Si lo sé no vengo. Ya he perdido una año, otro más sería demasiado”. El viernes 9 la FEB concede la venia a la Asociación para la inscripción como jugador español de pleno derecho. Veinticuatro horas más tarde debuta oficialmente (convierte 9 puntos) en el antiguo Pabellón de la Ciudad Deportiva frente al Caja de Álava de Essie Hollis y un juvenil Pablo Laso. Ahora Chechu se puede afeitar la barba. Se ha tachado la jornada 10 del calendario liguero y Biriukov cumple su sueño 13 meses después de pisar “el foro”. Rullán, un “amigo para siempre” y el jugador al que sustituyó (Rafa quedó relegado a la Copa de Europa), trascendió como su principal apoyo y valedor, entregándole las cartas de navegación para desenvolverse en una España cambiante. La pesadilla había concluido, pero todavía tardará 3 años más en poder disputar competiciones europeas y jugar con la selección española. La adaptación no fue sencilla. No conocía el castellano y en los pocos amistosos (5) en los que había participado, se mostró inseguro. Lo evoca como un periodo duro y enriquecedor dentro de un grupo humano maduro, divertido, cultivado y con mucha curiosidad por la vida. 

Sólo habría de esperar un mes para levantar su primer título: la Copa del Rey ganada en Badalona (90-76) al Joventut en la que convertiría 8 puntos en 9 minutos en un papel todavía muy secundario. En primavera vive desde el banquillo la impotencia del equipo en la final de la Copa de Europa de Atenas frente a la Cibona de Petrovic (36 puntos de Drazen). El Madrid cicatriza y se lame las heridas en Liga. Chechu se muestra decisivo en las semifinales de playoffs ante el Licor 43: “Nos ha ganado Biriukov”, declararía el recordado Manel Comas. En la final un jovencísimo Joventut de Aíto da la sorpresa en la apertura en el Pabellón, pero el Real reacciona a lo grande y embrida la fogosidad verdinegra en los dos siguientes partidos con Fernando Martín (33 y 23 puntos) e Iturriaga (36 y 22 puntos) irrebatibles para alzarse con el trofeo. 

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Asentarse en el Madrid

Lolo Sainz da una vuelta de rosca a la plantilla. Mantiene a Corbalán como único base puro, dejando la dirección durante muchos momentos en manos de dos escoltas (Chechu e Itu). En la final de Copa en Barcelona, Biriukov emerge con una actuación descollante (19 puntos y 7 robos de balón) para revalidar el título. En Liga, las bajas (Corbalán y Del Corral están fuera lesionados y Fernando Martín muy tocado) otorgan el papel de favorito al Barcelona. Los blancos se agarran a la pista y la aparición del junior Marcos Carbonell con una asistencia providencial a Fernando Martín les otorga ventaja. En Barcelona, con 15 abajo Lolo solicita tiempo muerto. Sainz no necesitaba parar mucho los partidos y cuando lo hacía, las gruesas voces las oían los de los puestos de pipas de la entrada. Esta vez su tono fue calmado, lenitivo: “Tranquilos chicos, este partido lo vamos a ganar. Hay que hacer las cosas que sabemos y poco a poco meternos dentro”. Había sonado el despertador. Dicho y hecho. El Madrid entra en los últimos dos minutos 8 arriba. La presión final azulgrana deja la diferencia en sólo 2 (86-88). Fernando Martín en todo su esplendor (26 puntos). Segundo doblete consecutivo. 

En la temporada siguiente, Fernando Martín emigra a Portland y su hermano Antonio a la Universidad de Pepperdine. Brad Branson cumple en el papel que realizaba Wayne Robinson, pero Larry Spriggs no está a la altura de Linton Townes. Se ficha a un pujante Pep Cargol a mitad de curso. El Madrid se estrella en los cuartos coperos frente al Cajabilbao de Lockart y Kopicky y demuestra orgullo en las semifinales ligueras ante el Barsa, pero el esfuerzo grupal liderado por Romay y Biriukov no es suficiente y caen 3 -1. “Notamos la falta de un líder que nos empujaba (Fernando Martín)”, apostilla Josechu. 

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La historia del Porsche

Integrado ya perfectamente en la España recién salida de la Transición, Chechu, a mediados de los 80, se dio uno de los caprichos que permite la economía capitalista (si tienes pasta, claro) y se compra un Porsche rojo. Quiere enseñárselo a sus amigos en Moscú, por lo que decide atravesar Europa. En la Alemania Oriental del Muro no le permiten pasar, así que continua camino por la parte Occidental. Al llegar a la frontera soviética, le demandan la documentación y los aduaneros (picados por la curiosidad) desmontan pieza a pieza el deportivo para comprobar si esconde algún producto prohibido. En un momento dado uno de ellos señala una caja grande y le pregunta: “¿Y esto qué es?” Chechu entre asustado y dubitativo responde: “¿Puede ser el depósito de gasolina?”. El guardia se da por satisfecho y le contesta: “Ah sí, eso puede ser”. Desde la lejanía dos amigos habían esperado con paciencia y temor que terminase el espectáculo. Tres horas después se ponen en marcha. Probablemente fue el primer Porsche que circuló por Moscú. Sus colegas hacían cola para dar un paseo. A la vuelta, en mitad de Bielorrusia, al echar combustible, se deja la cartera con la mayoría del dinero encima del coche. Menos mal que la documentación, cheques de viaje y algo de efectivo los llevaba en otro lado. Reanuda el trayecto y sufre un reventón. Cuando va a cambiar la rueda se percata de que en otro de los neumáticos lleva incrustados dos clavos. En fin, anécdotas de un viaje de cuatro días que Chechu aparca como uno de los más maravillosos que ha hecho en su vida. 

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La Korac y el debut con la selección

El Barsa ficha a Audie Norris, poco dado a estadísticas rutilantes, pero que de facto marcaba el territorio. “Era un jugador determinante en la zona”, subraya Chechu, quien probablemente realiza su campaña individualmente más luminosa. Definitivamente rompe en un jugador magnífico. El Madrid repesca a José Luis Llorente y a los Martín, y firma a Wendell Alexis, un alero alto de excelente tiro que puede echar una mano por dentro. Solozábal le amarga en el último momento la Copa de Valladolid a Biriukov (elegido mejor jugador del torneo tras anotar 20 puntos ante el CAI, 31 al Joventut y otros 20 frente al Barsa). Con dos abajo, Aíto diseña una jugada para Chicho Sibilio, Llou hace una ayuda pelín larga y Nacho, parapetado en la esquina, anota el triple determinante en el último segundo. La fortuna cambia de bando. 

Chechu debuta por fin en Europa frente al Charleroi y caminan con paso firme en la Korac. En semifinales vencen los dos partidos al Estrella Roja (19 y 18 puntos de Biriukov). En la final, a doble partido, aguarda el “ogro” Drazen Petrovic y su Cibona. Ramón Mendoza lo tenía atado desde el año anterior y las sensaciones que evocaban su fichaje en plantilla y afición resultaban contrapuestas. En el Palacio de los Deportes, Romay actúa de dique (25 puntos y 7 rebotes) para comerse con patatas a Arapovic, y entre Biriukov y Alexis limitan el caudal anotador de Petrovic (21 puntos en una serie de 6 de 20). La ventaja madridista (102-89) está a punto de evaporarse en Zagreb con un Drazen descomunal (47 puntos, con 8/13 en lanzamientos de 2, 8/10 triples y 7/10 en tiros libres), pero iniciada la segunda parte el doctor Corbalán en su último gran servicio ausculta al enfermo y detiene la hemorragia: espanta la pujante romería croata y anota 13 puntos en 15 minutos; acompasa el pulso de los blancos, elimina incertidumbres y administra talentos (Alexis anota 22 puntos y Biriukov e Iturriaga 17 cada uno). Sin Fernando Martin lesionado, Romay sobresale como faro interior (16 puntos y 10 rebotes). Cibona 94 - Real Madrid 93. La Korac a Cibeles. 

Antes de los playoffs, el calendario ha situado la Copa Príncipe de Asturias. Sin Fernando Martín, Biriukov (bien auxiliado por Alexis que convierte 29 tantos) capitaliza galones (39 puntos), pero el Barsa (Epi y Norris hacen 22) se impone 92-90.

En las semifinales ligueras, Biriukov continúa desmelenado (39 puntos para una serie sideral desde la línea de tres: 8/9). A orillas del Ebro, el Madrid se deshace del CAI de Zeravica, pero el peaje es muy doloroso: sin querer, Chechu cae sobre la rodilla de Romay, que se lesiona de gravedad. En la final, un Madrid muy diezmado, pero henchido de raza, lleva al Barsa contra las cuerdas, pero en el quinto los catalanes arriban más enteros, abusan por dentro (Trumbo encesta 16 puntos, Jiménez y Norris 14) y Epi se muestra Súper (como siempre) con 29 tantos. 

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En invierno, Chechu había recibido su bautismo internacional de hispano frente a Hungría. Concluida la temporada de clubs, Díaz Miguel convoca a sus huestes para el Preolímpico de Holanda. Dos plazas ya están casi dadas (URSS y Yugoslavia). España (sin los Fernandos, Martín y Romay, pero con un buen plantel) pelea a brazo partido para obtener la meritoria tercera. Jiménez (entra en el quinteto ideal) y Chechu (que competía con Epi y Villacampa por un puesto) se destacan como los mejores entre los españoles. 

La preparación para los Juegos Olímpicos fue un horror. Los jugadores estuvieron casi dos meses fuera de sus casas entre China, Japón y Corea entrenando y compitiendo en pabellones de mala muerte. Cuando llegaron a Seúl estaban justitos de gasolina. Aún así ganaron a Brasil en un partido histórico (55 puntos de Óscar) y España se plantó en cuartos. El rival, Australia, parecía muy asequible, con sólo un jugador deslumbrante, Andrew Gaze, pero se equivocó la estrategia y entregaron la cuchara. 

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El año de Petrovic

“Con Drazen no te garantizabas ganar títulos, pero sí muchos partidos… Todo el mundo quería demostrar que eran mejores que el Real Madrid, con lo que estabas jugando permanentemente una final… Y Drazen tenía facilidad para hacer puntos. Jugando mal, te hacía 20 y esto vale mucho”, tercia Chechu. 

La dupla extranjera la completa Johny Rogers, un alero-pivot de tiro poco ortodoxo, pero que metía y ayudaba mucho al rebote. Un excelente jugador. 

En un año complicado donde la pugna de egos se advierte a leguas, Chechu es el elegido para compartir habitación en los desplazamientos con Drazen y en determinadas circunstancias parece un casco azul de la ONU en papel de mediador. 

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La temporada se abre con un regalo inolvidable: el Open Mac Donald´s frente a los míticos Celtics, un tanto envejecidos ya, pero con el carácter de siempre. Los del trébol jamás vieron peligrar el resultado, pero cuando éste se ajustó un poco, ahí estaba el Dios Larry Bird para firmar la esquela. Chechu se sintió impresionado por el tamaño de los profesionales. Incluso pidió disculpas a Danny Ainge después de ponerle un gorro. 

El Madrid respondió al primer reto serio, la Copa de La Coruña. Tras eliminar al Joventut (+ 25) en una exhibición de Petrovic (36), los dos grandes cocos confrontan en la final. Resultó ajustada (85-81), pero el Madrid abría el melón con 27 puntos de Drazen y 23 de Rogers. 

Abril de 1989, final de la Recopa. Real Madrid 117 – Snaidero 113. Exhibición de ataque con porcentajes de tiro espléndidos (12/22 triples el Madrid, por 12/24 de los trasalpinos). Dominio abrumador del rebote por los de Caserta (41 a 20). Drazen, el Mozart del baloncesto europeo ofrece su mejor sinfonía, 62 puntos, desmenuzados en promedios siderales (8/16 en la lanzamientos triples, 12/14 en tiros de 2 y 14/15 desde la línea de personal). Le escoltan Chechu Biriukov (20 puntos, incluidos 4/5 conversiones de 3 puntos), Rogers (14) y Fernando Martín (11 con un dedo roto). Los cañones italianos humean (Óscar Schmidt 44, Gentile 34 y Dell´Agnello 18) y están en un tris de ganar la batalla. Con empate, los árbitros estiman que una falta sobre Gentile se produce fuera del tiempo reglamentario. En la prórroga el Madrid alcanzaría el segundo título de la temporada. Mucho se ha hablado sobre el vuelo de vuelta y el choque de caracteres entre brindis de champagne. 

Petrovic le tenía comida la moral al Barsa. En la última confrontación había señalado con la palma de la mano a su entrenador (5 a 0 le había dicho a las claras). Y Aíto, sagaz como ninguno, rumia venganza y toma nota: habló de bula arbitral con el croata y pinchó en el agraviado amor propio de los suyos, muy escaldados con las pendencias y humillaciones del genio de pelo ensortijado. En la final de Liga, el Barsa dio primero en el Palau (94-69), hasta que Fernando Martín se levantó de la cama para disputar el segundo choque. Cuando apareció por sorpresa a la comida en el hotel de Barcelona, la expedición no daba crédito: “Si creéis que me he venido para perder, estáis listos”. A la orden mi general: Barcelona 81 (Norris 26, Solozabal 20) – Real Madrid 88 (Petrovic 27, Biriukov 17 y Fernando Martín unos testimoniales 7 puntos). El Barsa dio un puñetazo en la mesa para restablecer la ventaja de campo (86-100) con Epi (27) extramotivado. Petrovic (42 con 8 triples) recobró su mejor versión en el cuarto para dejar todo listo para el desenlace en Barcelona. Después de una primera parte bien llevada por los blancos, los azulgranas tocaron a rebato, el Palau se transformó en un “manicomio” y los madridistas, en un arbitraje muy discutido de Neyro (al que Drazen había escupido dos años antes en Puerto Real), se fueron del partido y de la cancha (terminaron sólo 4). Norris y Jiménez (21 por barba) y Waiters (17) dominaron la pintura. Epi, endemoniado, se salió de su tono siempre educado para exaltar a las masas. En el Madrid sólo Biriukov (24) y Antonio Martín (17) mantuvieron la compostura. Así que la “Liga de Petrovic (sólo 14 puntos)” se quedó en Barcelona. 

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Tiempos grises

Verano del 89. Lolo Sainz pasa a desempeñar funciones directivas y contrata como preparador a George Karl. Cuando al primer entrenamiento no se presenta Petrovic, saltan las alarmas. “Me apuesto lo que queráis a que se ha escapado”, diría Fernando Martín. Y acertaría. El croata firmó con los Blazers (que abonarían 140 millones de pesetas) para ya no regresar. 

3 de diciembre. Fallece en accidente de tráfico Fernando Martín, el líder espiritual del equipo y un icono del deporte y de la sociedad española, que queda conmocionada. Las muestras de solidaridad llegan de todas partes. Había que ver a Audie Norris llorar sobre el féretro de su feroz adversario. 

18 de enero de 1990, Biriukov se destroza en Valladolid el cartílago de su rodilla izquierda. Su amigo Del Corral le opera con éxito y “me regala 5 años más de baloncesto”, confiesa agradecido Chechu, que recuerda que Alfonso volvió un año de Moscú sin abrigo (que intercambió por caviar) y eso que en la calle los termómetros marcaban 25 grados bajo cero. 

A George Karl prensa y público le dan más palos que a una estera, pero sin tres titulares del año anterior y varios americanos del montón, llega a la final de la Recopa frente a la Knorr boloñesa de Ray “Sugar” Richardson. En la liga, caen en semifinales ante el Joventut. Todos los jugadores que tuvo a su cargo le consideran un pedazo de entrenador, que se anticipó a los tiempos y que enseñaba baloncesto (“te lo daba masticado”). Durante la semana, los jugadores recibían un mamotreto con las virtudes y defectos del contrario, en el que se especificaban los sistemas propios y ajenos. “Es el único entrenador con el que te divertías incluso defendiendo”, remata Chechu.

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Con la lesión, Chechu se ahorró el “Chinazo” de la selección en Argentina. Hasta el 5 de septiembre no volvería a pisar una cancha de baloncesto. Jamás olvidara la ayuda diaria que durante ese tiempo le prestó el preparador físico Paco López para rehabilitarlo. 

Wayne Brabender inicia la nueva temporada en el banquillo Real. Los dos extranjeros: Carl Herrera y Stanley Roberts tienen calidad, pero están muy tiernos para Europa. Avanzado el año Ignacio Pinedo le sustituye, eliminan al Joventut en las semifinales de la Korac, pero en la ida de la final le da un infarto en pleno partido y fallece al cabo de pocos meses. Entre tanta adversidad, el Madrid de Jareño está a punto de ganar el título en Cantú. 

Para la temporada 91/92 se piensa nuevamente en George Karl y se ficha a Antúnez, Simpson y Ricky Brown. En enero Karl se va (luego firmaría por los Sonics, donde inició una prolongada y exitosa carrera en la NBA) y le reemplaza Clifford Luyk. Estudiantes les manda para casa en Copa, pero el robo de Ricky Brown a Fassoulas les otorga la Recopa. En Liga eliminan al Barsa en semifinales y fuerzan el quinto ante la Penya de Lolo Sainz (en el cuarto Antonio Martín se lesionaría muy gravemente en la espalda en una dolencia que le limitaría de por vida). 

Participa en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. España comparece con un equipo, sobre todo por dentro, bastante ramplón en medio de un enrarecido ambiente con una mala preparación y el plante por la polémica del tercer extranjero. El “Angolazo” es un cilicio en el muslo del buen aficionado español de por vida. Una pena. Eso sí, tuvimos butaca preferente para recrearnos con el Dream Team. 

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Y llega Sabonis

Que se estrena como Drazen con la Copa del Rey de Coruña. Sabas marca diferencias desde inicio (“es el mejor jugador con el que he jugado, lo tenía todo”, revela Chechu) y hace trizas al Joventut en la final (74-71 favorable al Madrid) con 25 puntos del lituano, secundados por otros 20 de Biriukov. Madrid y Bennetton son claros favoritos en la Final Four de Atenas, pero ambos caen en la tela de araña tejida por el maestro Boza Maljkovic con su Limoges. En Liga los blancos recobran el título a costa de los verdinegros un montón de años después. 

Se da la baja a Romay y a Ricky Brown y se contrata a Joe Arlauckas. A la que pueden los futboleros soplan en la oreja del presidente: consideran un despilfarro los sueldos de Antonio Martín, Biriukov y Sabonis. Joventut y Barcelona echan al Madrid de la Euroliga y de la Copa del Rey y ni siquiera el triunfo en Liga impide el despido de Clifford Luyk. Antúnez y Biriukov renuevan a la baja y Mariano Jaquotot poco antes de fallecer contrata a Obradovic, reciente campeón europeo con la Penya. 

Zeljko, sabedor de que en el perímetro tienen un talento limitado, direcciona el juego alrededor de la defensa y de sus dos estrellas interiores, Sabonis y Arlauckas. Bostezan los hipopótamos, pero el Madrid gana su octava Copa de Europa en Zaragoza frente al Olympiakos griego (73-61). Biriukov con la rodilla tocada no juega un solo minuto en la final. 

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A Chechu le quedan dos años de contrato. A final de temporada, poco antes de operarse, le comunican que van a contar poco con él: será un jugador residual. Llega a un acuerdo y firma el finiquito. El Madrid aprovecha que el CSKA está de gira por España para organizarle un homenaje a la carrera y así ahorrarse 40 millones. Los rusos le regalan un traje del ejército. Punto y final a su etapa deportiva. No se planteó ofertas. Un año después aparece la Ley Bosman y se eliminan fronteras. Ahí si se arrepiente, de haberlo sabido hubiera salido al extranjero. 

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La vida después del basket

Junto a algunos de sus amigos de Globomedia monta una agencia de representación, Isac, relacionada con el mundo del espectáculo (fundamentalmente actores y presentadores de televisión). La aventura dura más de 15 años hasta que sobreviene la crisis. Se volvió a casar y es padre de 4 hijos (2 niñas del matrimonio anterior y una niña y un niño del actual).

Desde hace 13 meses regenta su coqueto restaurante Biriukov Bistro en Las Tablas en el que ha sido un placer tomar una cerveza y charlar dos ratazos con él. 

En 2008 Sarunas Marcioulionis reunió en un hotelito de su propiedad a las afueras de Vilnius a muchos de sus amigos y colegas. Avanzada la velada tomó del brazo a Chechu Biriukov: “Muchas gracias. Si tú no te vas a España, yo no consigo nada”. Mayor halago de un compañero, una estrella de tu deporte, no se me ocurre. Nunca se sabrá, porque entramos en el terreno de las elucubraciones, pero lo que sí es cierto es que el señor Biriukov pintaba de escolta titular de la antigua URSS durante una década y que en el Madrid “perdió” cuatro años (uno sin jugar y otros tres sin concursar en competiciones europeas), lo que sin duda lastró su progresión. Sea como fuere, Josechu (el escolta de tiro rasante y la extraordinaria lectura de juego) jamás se arrepiente de la decisión que tomó en su día y que le trajo, a Dios gracias, entre nosotros. 


Mi total agradecimiento a Josechu Biriukov. Por su tiempo, amabilidad, maravillosa disposición y total franqueza. Además pasé un rato cojonudo. Gracias Chechu. 



Dedicado a mi amigo José Tallón, que posibilitó la entrevista, y a toda mi tropa de Madrid y Villalba con Bo como eterno capitán. Dicen que a los amigos los eliges. Dios me dio buen ojo. Muchos se pasan la vida buscando uno bueno, yo me tropecé con una manada cuando, en muchos casos, todavía llevábamos pantalón corto. Gracias tíos.

2 comentarios:

  1. Gracias, gran relato de un grande, nuestro Chechu.

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  2. Gracias a ti. Me alegro que te haya gustado.

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